.

20 noviembre 2009

La verdadera historia de los piratas de Somalia


 
 ¿Quién se iba a imaginar que a día de hoy todos los medios de todas las naciones occidentales iban a resucitar a los malvados del parche en el ojo? Todas las televisiones, periódicos y radios hablando de salvajes villanos africanos que atacan barcos inocentes. Todos nos sentimos ultrajados con el secuestro de los honrados pescadores vascos y nos alegramos de su liberación, nos emocionamos con el heroísmo desprendido del bizarro capitán norteamericano. Todos nos sentiremos aliviados cuando las potencias mundiales barran del mar a los rufianes.

Sin embargo, todo esto no es más que una mera pantomima. Una escandalosa historia de crueldad, mentiras, estupidez, avaricia, pobreza, descaro, corrupción, miseria, violencia, desesperación y vergüenza, se esconde detrás de todo. Pero el público, antes que esta otra historia, seguramente prefiera una de piratas. La otra, la verdadera historia, ha sido arrojada al mar dentro de una botella. Y nadie quiere abrirla.

Emperadores y Ladrones
"...Pero porque yo lo hago con un pequeño barco, soy llamado un ladrón. Tu, en cambio, lo haces con una gran flota, y te llaman Emperador". 
(Un pirata, frente a Alejandro Magno. )
 
Como era de sospechar, la imagen que la cultura popular tiene de los piratas no se corresponde con la realidad. La piratería se conoce desde cuatrocientos años antes del nacimiento de Cristo, aunque no sería arriesgado decir que probablemente exista desde el primer día que el hombre utilizó el mar para trasladar objetos de valor. En el año 78 AC Julio Cesar inició campañas específicas para combatir a los piratas llegando a eliminar a 10.000 de ellos y a capturar a 20.000 en Cilicia, actual Turquía.
Ya en la edad media, los famosos vikingos en sus drakkars se divertían trolleando y haciendo raids, como todos sabemos. En el Mediterráneo los piratas berberiscos y turcos asediaban a las embarcaciones españolas en busca de personalidades por las que pedir rescate y oro que añadir a sus cofres. Por el otro extremo, los ingleses promovían a piratas como Francis Drake para hostigar los intereses españoles. Alemanes y holandeses hacían lo propio con los ingleses.

Sin embargo, la imagen más extendida del pirata hasta hoy en día es la del criminal sanguinario y corrupto que carecía de cualquier escrúpulo y se gobernaba por el caos de su ambición a lo largo y ancho de los siete mares. Esta imagen fue creada por la propaganda del gobierno británico durante la edad de oro de la piratería (1650-1735), en ayuda de su Royal Navy, ya que el masivo apoyo popular que los piratas recibían había causado que las hordas civiles enfurecidas impidieran varios ahorcamientos por piratería.

Y es que los piratas británicos no eran realmente rufianes que aparecían de la nada, convocados solo por sus ansias criminales. La mayoría fueron antes niños hambrientos y piojosos del East End de Londres, por ejemplo, de donde eran extraídos para ser embarcados como mano de obra esclava de bajo coste, bien en la marina mercante o bien en la Royal Navy, si se necesitaba carne de cañón.
Trabajaban toda la jornada en espacios minúsculos y en tareas hercúleas, comiendo lo mínimo y con el agua racionada. Si se escaqueaban, el todopoderoso capitán les administraba una dosis de Gato de Nueve Colas. Si dejaban de servir para su función, eran arrojados al mar. Al final de su viaje, tras meses o años, se les escatimaba la paga. Era frecuente que no se les pagara en absoluto.
Los piratas de esa época no eran más que esos niños del East End ya mayores y escarmentados, que decidían amotinarse y apoderarse del barco. Crearon un sistema de decisiones basado en la asamblea, y elegían a su capitán a votación. Asimismo, repartían sus ganancias igualitariamente y eliminaron las torturas como práctica de abordo. Marcus Rediker en "Villanos de Todas las Naciones" afirma: "Los piratas británicos vivían bajo el sistema más igualitario que existía en el siglo XVIII". Los piratas fueron, al menos durante un tiempo, héroes románticos y no solo ladrones sanguinarios. Y eran, además, parte del pueblo, cosa que no eran los oficiales de la marina. Por eso los intentaban salvar de la horca, y por eso se creo la leyenda negra de la piratería. Para poder ahorcarlos sin molestias.
Exactamente lo que está pasando hoy día en Somalia.


Somalia Significa Mala Suerte.

Si el país estuviera cultivado o contuviera casas o propiedades, merecería vuestro esfuerzo luchar por él. Este país es todo jungla, y no sacaréis nada de él. Si queréis piedra o madera, podéis conseguirla de sobra. También hay muchos hormigueros. Hay sol ardiente. Y de mí solo vais a obtener guerra, nada más.
Sheikh Mohamed. A los ingleses.)

Somalia fue una tierra relativamente poco poblada, pero siempre ocupada por una variedad de grupos étnicos y tribus desde hace 2 500 años. El principal hecho diferencial somalí fue el establecimiento del islamismo alrededor del año 900, ya que ninguno de sus países vecinos es islámico, sino cristiano o seguidor de los diferentes cultos minoritarios africanos. A partir de ahí se crearon ciudades-estado, reinos y sultanatos que irían alternando su poder sobre los distintos territorios somalíes, sin tener nunca un poder central lo suficientemente extenso, ni una identidad definida, lo que creará una permanente división que agravará los problemas futuros.

En el siglo XIX entra en juego el hombre blanco. Es la era del colonialismo despiadado en África. Francia, Italia e Inglaterra se disputan Somalia, comenzando un sangriento y duradero reparto de terreno. Finalmente, Italia se hace con la zona sur del país (Somalilandia Italiana) y los ingleses con la norte (Somalilandia Británica).

Desde el primer momento, las fronteras de cada pedazo de pastel no van a estar definidas e italianos e ingleses ocuparan y desocuparan sus territorios hasta 1960, fecha en que se declara la independencia de Somalia.
Pero en una tierra como Somalia, la independencia no les llegará sin antes haber perdido una guerra cruel. Durante veinte años, desde 1901 hasta 1920, los somalíes, comandados por Mohamed Abdullah Hassan (El Mullah Loco, como lo presentaron en Inglaterra) intentan expulsar a los invasores. Mohamed, escritor, religioso, orador y poeta, es el primer somalí en dar el paso del tribalismo al nacionalismo, logrando despertar los sentimientos patrióticos en su público. Recluta a sus ejércitos de camelleros simplemente mediante el discurso incendiario.
El Mullah Loco es para los británicos un peligroso fanático religioso rebelde, y el Parlamento decide, en plena Gran Guerra, lanzar una ofensiva contra la resistencia. Sheikh cuenta con el apoyo etíope, que le proporciona armas ligeras y constructores de fortalezas. Asimismo cuenta con sus Derviches, una orden mendicante sufí, a la que armó con rifles modernos, y a la que utilizaba como tropa ofensiva. Inglaterra se lanza a la guerra por su cuenta, mientras los italianos permanecen a la expectativa.
El planteamiento de la guerra era el de un enemigo atrincherado y en su propio terreno, frente a unos medios tecnológicos mucho más avanzados, y a un ejército más reducido, pero con mayor movilidad y capacidad de fuego. Los ingleses, nada más comenzar la guerra se percatan de la importancia del uso de los camellos en el implacable clima somalí, y crean el flamante Somaliland Camel Corps, después de sufrir severas derrotas (y perder muchas cabezas) a manos del ejército a camello del Mullah Loco.
Sin embargo, la derrota de Mohamed vendrá de manos de la aviación británica, que asalta sus acuartelamientos, eliminando desde el aire a sus camellos y sus provisiones. En 1920 el Mullah Loco será derrotado y muerto en Talleh, mientras huía, tras una espectacular ofensiva británica de 23 días en la que su primera acción, un bombardeo sobre el fuerte de Medish Jid Ali, fue el lanzamiento de una bomba que explotó al lado del Mullah, matando en el acto a su hermana y a un hombre que se encontraba a su lado, pero dejando a este milagrosamente vivo. Ni siquiera quiso la fortuna que se librara de ver como los británicos asesinaban en los 22 días siguientes a 6 de sus hijos, 4 de sus hijas y a sus 4 mujeres, a la vez que desbarataban todos sus ejércitos, después de 20 años de resistencia.
Tras la II Guerra Mundial, y aprovechando la caída en desgracia de los italianos, los ingleses se apoderan al fin de toda Somalia, conservándola como protectorado. Sin embargo, se ven obligados a ceder una parte, el Haud, a Etiopía, por la presión de los aliados, y en virtud de los acuerdos de estos con los etíopes a cambio de colaboración.
En Somalia comienzan a surgir diferentes movimientos insurgentes, esos grupos africanos con tres siglas, tipo SYL, SNL o ASL, que tan precisamente clasificaba el personaje de Nicolas Cage en “El Señor de la Guerra”: “Solo sé que cuantas más palabras estilo libertad, igualdad o solidaridad tengan en el nombre, más armas me compran”. La independencia llega a la antigua Somalilandia Británica en 1960, y a la italiana en 1965, que se anexiona inmediatamente a la primera.
Sin embargo, en 1952 sucedió algo que marcaría la historia de la Somalia independiente: Conoco, un clásico gigante petrolero norteamericano, de los de Houston de toda la vida, comienza una serie de prospecciones en territorio somalí. Los geólogos descubren que la cuenca estratigráfica post-Triásica subterránea del Golfo Pérsico continúa hasta Somalia desde los yacimientos de Marib-Hajar y Say'un-Al Masila en Yemen.
Raymond Marchand, manager residente de Conoco y director de las operaciones petrolíferas de la compañía en Somalia desde los 80, explicaba que “Tuvimos estos buenos indicios…y por eso nos quedamos en Somalia. La gente de Houston estaba convencida de que ahí había petróleo”
El objetivo pasa a ser estabilizar el país y comenzar las operaciones. Los somalíes, siempre desunidos, logran tras varios años de incertidumbre, colocar en el poder al primer ministro Abdirashid Ali Shermarke en 1967, un musulmán moderado del SYL educado en el extranjero. Sin embargo, Shermarke muere misteriosamente asesinado por uno de sus guardaespaldas, y un mucho más conveniente Siad Barre se erige en dictador tras un sincronizado golpe de estado.
Siad Barre es un musulmán que propugna el “socialismo científico”, aunque su educación policial y su carácter militarista darán ese sabor particular a la parte científica de la propuesta. Barre propugna una Somalia unida y centralizada y un pueblo libre de la injerencia extranjera. No conseguiría ni lo uno ni lo otro.
Las luchas de clanes, tribus y facciones políticas continúa ininterrumpidamente, para el interés de Etiopía El poder centralista de Barre es incapaz de sofocar permanentemente el estado de desorden generalizado. Estalla la Guerra de Ogaden, una guerra territorial por un territorio limítrofe con Etiopía, que esta siempre reclama para sí. Somalia sin ningún aliado externo, vence inicialmente a los invasores.
Los comunistas etíopes reciben ayuda de Cuba y Rusia, en plan camaradas, cambiando el signo de la contienda y convirtiendo la guerra en un festival de horrores africano, gracias a las armas de la Revolución. Los somalíes no podían hacer nada frente a los Mig-21 cubanos que bombardeaban sus posiciones, era una guerra perdida, y la victoria inicial no hizo sino recrudecer la venganza etíope tras la vuelta a la tortilla.
Es en esta guerra cuando los etíopes popularizan la técnica de “matarlos como a las cabras”, muy famosa hasta la contienda del 2008, que consiste en asaltar un poblado, sacar a los hombres a las calles y degollarlos, para dejarlos desangrándose en el suelo. Mientras, se disponen tiradores en las proximidades para disparar a todo aquel que se acerque a asistir a los heridos, por lo que las mujeres y niños no tienen más remedio que contemplar desde la distancia cómo los degollados agonizan lentamente.
Llegan los locos 80, y tras la guerra con Etiopía, el gobierno de Barre ha degenerado hacia el totalitarismo bananero. Múltiples grupos insurgentes de todo tipo y condición se levantan a lo largo y ancho del país. Comienza una guerra civil de baja intensidad que duraría durante todos los 80. Barre, traicionado por los socialistas y aislado de cualquier otra ayuda, intenta convencer a los americanos de que es capaz de manejar esa locura de país. Las petroleras, ante ese tímido asomo de control firman acuerdos con el gobierno de Barre, bajo la promesa de estabilidad y paz a cambio de una parte del dinero del petróleo, vía empresas nacionales, siguiendo el mismo esquema de explotación que en el Golfo o en países sudamericanos como Colombia.
Mientras tanto, una gravísima crisis económica y social provoca una inflación desmesurada. Se pagan verdaderos hatillos de billetes a cambio de una porción de pasta, y las calles se llenan de monedas abandonadas. Miles de personas mueren de hambre durante toda la década de los 80, mientras florece el tráfico de armas y el mercado de la guerra.

Los contratos petrolíferos entre el gobierno de Barre y las petroleras, en cambio, comienzan su particular era boyante, firmando acuerdos no publicados en su día, que acercarían la materialización de las ansiadas reservas. Serían la causa de que, en los 90, la población somalí todavía las tendrá que ver más putas. El gobierno norteamericano, y la ONU, aún hoy día, siguen afirmando que Somalia no posee recursos naturales de importancia y que todas sus intervenciones en territorio somalí han sido debidas a la más estricta solidaridad con su pueblo. Según la siguiente cronología de los contratos firmados por Said Barre, dos tercios del territorio somalí se convertían en propiedad de las petroleras. Las expectativas de potencial extracción diaria sobrepasaban a las de la producción de Yemen, mucho para no contar con recursos. Estos fueron los acuerdos:
-31 Enero de 1986: Chevron Corp. Firma por 41,000 Km2 en la costa noroeste de Somalia.
-8 de Julio de 1986: Conoco obtiene el mayor contrato, por 98,700 Km2 en varias zonas de Somalia. El contrato lo firma Jaalle Ahmad Mahmud Farah, Ministro de Recursos y “hombre de confianza” de Raymond Marchand (CEO de Conoco en Somalia) dentro del gabinete de Barre. En cables (a día de hoy desclasificados y disponibles para cualquier internauta, aunque con líneas censuradas) entre la Embajada de EEUU en Somalia y el Departamento de Estado, Raymond Marchand hablá de Farah como “alguien que entiende lo que realmente está pasando”, refiriéndose a que, tras el contrato, todo el gobierno de oficiales Barre estaba esperando ver el dinero fluir, cuando quizás no fuese tan fácil. Marchand, experimentado en prometedoras prospecciones en Chad, fallidas a causa de problemas políticos, intenta chantajear a los ministros, convenciéndoles de que “primero Somalia debe conseguir la paz interna”.
-5 de Mayo de 1987: Amoco consigue un contrato por 35,000 Km2 en las cercanías de Mogadiscio. Farah firmará a su vez este contrato.
-19 Octubre de 1988: Conoco añade otros veinte millones de dólares para aumentar sus terrenos en Somalia.
-6 Septiembre de 1989: Parker consigue un contrato de Conoco para perforar en Somalia, las operaciones comenzarán en los 3 siguientes meses. Conoco obtiene el control de dos tercios de la flota de Air Somalia para desplazar a su subcontratista y proveerle de materiales y combustible. El gobierno de Barre provee con seguridad a los campings de trabajadores a través de su policía.
-29 de Noviembre de 1989: Phillips Petroleum International Corp. Consigue un contrato por unos modestos 3,5 Km2. Phillips prevé comenzar los trabajos de exploración a principios de 1990.
-30 Agosto de 1990: Mobil y Shell se lanzan conjuntamente a un acuerdo para explotar en plataformas marinas los yacimientos submarinos de Somalia.
El gobierno americano concede un plan de ayuda a Somalia, con un aporte de 100 millones de dólares anuales. Conoco invierte en infraestructuras como carreteras, edificios y aeropuertos, tras obtener, como hemos visto, los contratos para la prospección de los yacimientos más prometedores.
El petróleo está listo para fluir.


Han Venido a Restaurar la Esperanza.

“Uno no puede contar con los ricos”
(Proverbio Somalí.)


A principios de los 90 el gobierno de Barre aún no ha logrado imponer la mano dura y el control que las petroleras necesitan. Es más, Somalia ha degenerado a un territorio completamente salvaje, un paraíso para los traficantes de armas, mercenarios y demás buitres de la guerra.
Los etíopes subvencionan la inestabilidad del país, y el Gobierno de Barre se lanza a medidas cada vez más extremas, como prohibir las reuniones de tres o más personas en la capital, Mogadiscio. La inflación desastrosa convierte la vida cotidiana en una odisea. En 1991, grupos de clanes se aúnan para echar a Barre del poder en un golpe de estado. Se declara la independencia de la antigua Somalilandia Británica, la parte norte del país, menos violenta y más estable que la sureña, aunque sin ningún reconocimiento. Comienza un baile de siglas en el poder: El SNC, el SNM, el USC, el SDM…
El país está en una situación desesperada, y no es nada bueno para los negocios. Para acabar de joderla solucionar la situación, los magnates del petróleo necesitan a los chicos de las metralletas. Los americanos ya han salvado las mayores reservas del mundo en Kuwait. Esto va a ser pan comido.
Así, organizan una campaña de concienciación, estilo las Armas de Destrucción Masiva, los Genocidas del Báltico o el Calentamiento Global, mostrando a los inocentes ojos del pueblo occidental el desastre humanitario en el que viven los somalíes (que era el mismo de hacía 25 años), y la situación política intolerable, como aval para la inminente intervención militar internacional. Lo que va a pasar en Somalia durante los siguientes años es uno de los episodios más patéticos, hirientes y penosos de la historia contemporánea, y en especial de la política exterior de los Estados Unidos de América. Casi todos los episodios narrados en las siguientes líneas son confesiones autobiográficas de los protagonistas, o hechos ampliamente publicados y difundidos. Es difícil entender por qué no han tenido repercusión, o por qué los siempre reivindicativos pacifistas de siempre no han encontrado un hueco en su agenda para Somalia. Quizás porque el Cuerno de África se merece su mala suerte. Quizás porque lo que los reivindicativos del mundo occidental, en realidad, son personas normales y se la suda todo lo que pase en el mundo.
En 1992 el Consejo de las Naciones Unidas autoriza la misión de paz UNOSOM (United Nations Operations in SOMalia), sin duda gravemente agobiados por las desventuras del pueblo somalí. La misión está destinada a restaurar la estabilidad y no tiene derecho al uso de la fuerza más allá de la defensa. Llegan a Mogadiscio ante la tranquilidad de la opinión publica, estableciendo su cuartel en las oficinas de la Conoco, volando a través del país en aviones de la Conoco y merendando (pasta, pescado y leche en polvo) la comida que les ofrece Conoco. Sin embargo, y pese a estar allí por sus intereses, la Conoco comienza a pasar facturas a la ONU cuando los gastos de dietas se incrementan. John Geybauer, representante de Conoco Oil en Houston, dice que la compañía solo estaba actuando como "una buena corporación ciudadana o un vecino agradable".
Bajo el asesoramiento del personal de la petrolera, las fuerzas internacionales pronto concluyen que sin el uso de la fuerza no iban a poder evitar las continuas batallas por el control de los recursos que los clanes mantenían incesantemente. Se forman mesas de negociaciones en las que la ONU pretende formar un gobierno afín al flujo del petróleo. Curiosamente, uno de los cabecillas rebeldes, Mohamed Farrah Aidid, el más fuerte y principal responsable de la derrota de Aidid, no tolera la injerencia extranjera y se opone a la formación del gobierno propuesto por las fuerzas extranjeras.
Viendo que la posición de Aidid es innegociable, en 1992 los EEUU solicitan unilateralmente la transición a una fuerza ofensiva, la UNITAF (UNIfied Task Force), exclusivamente bajo su mando. Mientras tanto, el pueblo somalí falla en percibir que los ejércitos extranjeros acudían en misión de paz, y los reciben con abierta hostilidad: Se vuelan instalaciones de la ONU, se atacan sus aviones y se impide atracar a sus barcos, mientras disparan a las tropas cuando les es posible.
El giro ofensivo de la operación en Somalia, UNITAF, se bautiza como Operación Restaurar la Esperanza y estará compuesta en su vasta mayoría por fuerzas norteamericanas, aunque apoyadas por diferentes países. Entre ellos, España, no solo con sus siempre valerosas tropas y valiosísimo material, sino con el establecimiento de las bases españolas como centros de repostaje para los aviones americanos.
Bajo el pretexto de restaurar las rutas de ayuda humanitaria y la reconstrucción del país, la nueva administración de Clinton ordena seguir en el país, “adoptando medidas tan agresivas como se requieran” con el objetivo de “restaurar todo un pais”. Sin embargo, los verdaderos objetivos de los militares americanos son más simples: Eliminar a Aidid para establecer un gobierno estable y afín a los intereses de los EEUU. El por qué y el para qué son conclusiones que entran en lo especulativo.
La ola de solidaridad internacional con Somalia es verdaderamente espectacular. Imágenes de campos de refugiados del sur de Somalia y del Ogaden, donde los Etíopes siguen haciendo de las suyas, como hace 25 años, enternecen la delicada conciencia del espectador. Es necesario que los buenos hagamos algo. Se difunde la especie de que los propios warlords, y en especial Aidid, bloquean los puertos y las rutas de llegada de la ayuda humanitaria a la población, como arma para subvertirlos contra las bondadosas fuerzas de la ONU. La operación militar, se expone en la prensa, se centrará en facilitar la llegada de ayuda a la población somalí. La realidad como veremos, es que la operación tiene como objetivo único eliminar a Aidid y establecer un gobierno marioneta que permita reanudar las prospecciones y las perforaciones de las empresas petroleras.
El 18 de Enero de 1993, Mark Fineman publica un artículo en Los Angeles Times en el que se exponen por primera vez los acuerdos del petróleo en Somalia, así como el desvergonzado hecho de que los cuarteles de la ONU se establecieran en la sede de Conoco en Somalia. El 27 de Febrero del año 2000 aparece en el Washington Post un inusual artículo de Vernon Loeb. En él, simplemente, dos antiguos agentes de la CIA lo cuentan todo acerca de la naturaleza y el ejercicio de su trabajo. Garrett Jones y John Spinelli, quemados por discrepancias con el gobierno de Clinton y tocados por la maldición somalí, cuentan como fueron sus días al frente de la inteligencia de las operaciones internacionales en Somalia. El siguiente episodio tiene, aparte de su servicio ilustrativo de como destrozar un pais y sumirlo en la miseria y el caos, un gran valor revelador de como las fuerzas americanas trabajan sobre el terreno, más allá de las películas y la magia de los medios.


La Serpiente y los Halcones Negros.

La Guerra del Golfo ha supuesto un cambio de rumbo para la CIA. El General Norman Schwarzkopf se queja tras su final de que los análisis de inteligencia sobre el campo de batalla fueron “advertidos, contradictorios, con notas al pie y deslavados”. Añadió que a la CIA y demás agencias “deben exigírseles que produzcan un sistema que sea capaz de aportar un producto en tiempo real sobre el terreno de operaciones, cuando un comandante se lo solicite”.
Como respuesta a esto, los oficiales senior de la CIA deciden que apoyar las misiones militares de los EEUU debe de ser su prioridad. En 1993, Somalia será su primer intento de ponerlo en práctica.
Nada más que la UNITAF, bajo el mando militar de los EEUU, recibe la dirección de las operaciones internacionales en Somalia, la CIA entra en juego. “El ejército de los EEUU fue a Somalia sin saber nada de ese país. Nosotros íbamos a ser sus ojos y sus oídos sobre el terreno” Afirma William R. Pikney jefe de la División África de la CIA. El primer americano muerto en suelo Somalí será un agente de la CIA cuyo vehículo pisa una mina a las afueras de Barderá, el 23 de Diciembre de 1992.
Con el apoyo personal de Clinton a las operaciones, el ejército americano ejecuta la Operación Restaurar la Esperanza. Justificadas internacionalmente como acciones para liberar las rutas de ayuda humanitaria, recuperan aeropuertos, carreteras y puertos, con el objetivo de controlar una zona estable en la que permitir la entrada de más tropas y colocar bases para la inteligencia de la CIA. Una vez conseguido el control, el ejército americano se retira, dando paso a una nueva coalición internacional, la UNOSOM II.
Mohamed Farrah Aidid, líder de la facción más fuerte, el SNA, y curtido en la guerra contra Etiopía, en las que ha sido el único capaz de resistir, espera pacientemente a que se retire el ejército americano, a sabiendas de que es incapaz de hacerle frente. Aidid controla a través de uno de sus lugartenientes el trafico de qat, una hierba estimulante de efectos similares a la anfetamina que mascan incesantemente los Somalíes, lo que le proporciona una sólida y estable financiación.
Refuerza Mogadiscio y se dedica a emitir programas de radio donde lanza furiosas invectivas anti-ONU, en las que critica a Boutros-Ghali, que había sido valedor del dictador Siad Barre para defender los intereses de las empresas europeas y norteamericanas.
A principios de Junio de 1993 la ONU manda soldados tropas de paz y tanques a destruir la emisora de Aidid. Después de inspeccionar el edificio, son emboscados, muriendo 23 soldados pakistaníes. Los americanos hacen pública una oferta de 25,000 $ por Aidid “Dead or Alive”. Aidid deniega que haya tenido nada que ver con la emboscada y pide una comisión de investigación.
En los EEUU, los militares y los políticos se convencen finalmente de que esto se trata de algo que ellos entienden: La caza del forajido. Aidid es la fuente de inestabilidad en Somalia. Eliminando a Aidid todo se acabará. El bueno de Bill Clinton apoya y aprueba los siguientes movimientos para asegurar la captura de Aidid.

Diferentes lobbys presionan para que la fuerza americana a enviar sea la Delta Force, una unidad de soldados de élite creada tras Vietnam, destinada a operaciones especiales e infiltración. La existencia de las Delta Force nunca ha sido reconocida oficialmente, y no obedecen a la disciplina militar estándar. Hablando en plata, la Delta Force es una unidad de asesinos de élite, destinada a la eliminación de personalidades enemigas, bien en escenarios de guerra o bien en un contexto civil.
El 12 de Julio se lanza un ataque sobre la supuesta base del SNA, con la aprobación de la ONU y los USA. 17 Helicópteros AH-1 Cobra destrozan con cohetes el supuesto centro de operaciones de Aidid, donde supuestos hombres del SNA estaban teniendo un encuentro, matando una cifra indeterminada de personas, estimada entre 20 y 50 hombres. La indignación por el ataque se extiende por todo Mogadiscio y la gente acude al lugar para intentar rescatar a posibles supervivientes de entre los escombros. Varios edificios adyacentes han sido destruidos a su vez, atrapando y matando a más personas. Cuatro periodistas occidentales, Hansi Krauss de Associated Press, Dan Eldon, Hos Maina y Anthony Macharia, todos de Reuters, se dirigen al lugar de los hechos a investigar lo sucedido. La indignada multitud los acorrala y los mata a golpes. El SNA declara la guerra contra los Estados Unidos de America.
Esta era la respuesta que los americanos estaban esperando, con la muerte de los periodista añadiendo un pellizco de Causa Justa. Clinton aprueba el envío de 450 hombres de la Delta Force, un batallón de Rangers, 16 helicópteros Black Hawk de las SOAR (Special Operations Aviation Regimen) con sus pilotos, los Nightstalkers, hombres especializados y experimentados en pilotaje nocturno, un número indeterminado de Navy SEALS y el vigésimo cuarto escuadrón de Tácticas Especiales (Pararrescatadores y Controladores de Combate) de las Fuerzas Aéreas.
Al frente de este compendio de la crema de las fuerzas armadas norteamericanas se coloca al General William F. Garrison, una clásica y arquetípica figura del militar americano, otra encarnación del espíritu de Andrew Jackson, tanto en figura y porte como en espíritu. Es una encarnación del inconsciente colectivo americano, la figura que necesitan ver cuando sienten miedo.
Garrison ha pasado la mayor parte de su carrera involucrado en las Delta Force, y es que Garrison estuvo en lo que fue el germen de estas fuerzas de operaciones especiales del ejército de los EEUU: El Programa Fénix, una operación conjunta de la CIA y otras unidades del ejército americano para localizar, aterrorizar y eliminar a toda la estructura civil que apoyaba al Viet Cong. El Programa Fénix asesinó a 26,369 personas, lo que constituyó un éxito operativo y dio impulso a la creación de una fuerza de élite con tareas de inteligencia, infiltración, choque y ocultación, que pasó a denominarse Delta Force, y en la que Garrison participó como lider desde el principio. Garrison declinó comentar con la prensa su actuación en Somalia y su versión de los hechos.

Garrett Jones tenía 43 años cuando aterrizó en Somalia, poco después que Garrison. Era un antiguo detective de policía de Miami, con una complexión robusta, cara redonda y mostacho frondoso. Acababa de terminar un curso de un año sobre inteligencia de guerra, en el que había escrito un informe sobre la necesidad de una cuidadosa inteligencia para las operaciones de paz en el extranjero. La CIA había rotado a varios jefes dentro y fuera de Somalia desde el comienzo de las operaciones militares, y en el momento en el que se declaró la guerra, Jones era el único candidato disponible en Langley que supiera algo de África y que quisiera ir destinado a Somalia.
Jones aterrizó en el complejo de la ONU en un viejo helicóptero alquilado a un piloto ruso que vació una botella de vodka en el trayecto. El precio del secreto. Volaron sobre las ruinas que había dejado la Operación Restaurar la Esperanza, respirando el olor a neumático quemado que inundaba Mogadiscio.
Allí se encontró con Spinelli, nombre en clave Leopardo, su segundo de a bordo. Con 46 años, Spinelli también provenía de la policía, en su caso de Nueva York. Era un italiano de Roma, emigrado a Brooklyn con 14 años. Tenía el pelo negro, complexión atlética, y una nariz aguileña que le confería aspecto clásico romano. Había sido trasladado desde Roma, precisamente, donde estaba cumpliendo otra misión. No sabía nada de Somalia ni de África, pero hablaba italiano, lo cual les venía bien para tratar con el contingente italiano, la fuerza que la ONU había asignado a los americanos como compañeros de base y que les estaba dando bastantes dolores de cabeza.

Continuar leyendo