Apuntaciones sobre el antifranquismo monárquico











Antonio Castro Villacañas


En anteriores ocasiones he señalado que Franco y sus partidarios, tras conseguir vencer a sus adversarios de izquierda en los frentes de batalla, tuvieron que enfrentarse a sus partidarios-adversarios de derecha a partir del día 2 de abril de 1939. La necesaria reconstrucción de España, herida vitalmente a lo largo de nuestra guerra, y el comienzo de la contienda europea, poco después universal, amortiguaron y pospusieron las reivindicaciones derechistas, que en un principio fueron protagonizadas por los monárquicos carlistas, absorbidas luego por los alfonsinos y más tarde por los seguidores del heredero de Alfonso XIII, que aprovecharon antes que las demás fuerzas del antifranquismo el cambio de las circunstancias militares europeas y asiáticas para presentar a don Juan de Borbón ante los Aliados -cada día más cerca de la victoria- y ante el pueblo español -cada vez más amante de la paz y el orden público- como el único posible sustituto de Franco.

Los monárquicos alfonsinos y juanistas habían intentado antes, durante nuestra guerra y hasta 1942, obtener el apoyo alemán e italiano para la restauración de la monarquía en España. El desembarco de los Aliados en el noroeste de África y las perspectivas de su salto al sur de Italia, al sur de Francia, e incluso al sur de España, impulsaron la conversión de don Juan y los juanistas a la democracia, siempre que esta forma de gobierno estuviera tutelada y dirigida por una monarquía constitucional.

El 8 de marzo de 1943 don Juan escribió a Franco una carta en la que le decía que la permanencia de su "régimen", de evidente carácter "provisional", hacía que España estuviera expuesta a graves daños, por lo que le instaba a tomar las medidas oportunas para restaurar cuanto antes la monarquía. Como es lógico y natural, don Juan no decía nada en su escrito sobre tres hechos evidentes: que la monarquía se había derrumbado en 1931 sin apenas acoso; que nadie -ni siquiera Alfonso XIII, el monarca entonces reinante- la había defendido; y que en los once años transcurridos desde aquel abril, tampoco prácticamente nadie en España la había echado de menos y menos aún reclamado...

Franco tardó dos largos meses en contestar a don Juan. El 27 de mayo le respondió que su Gobierno no tenía nada de transitorio o provisional, y sí mucho de constructor de un nuevo Régimen, impulsado como estaba por un movimiento popular cuyo futuro se debía prever y organizar de acuerdo con sus militantes y el pueblo español. De modo que si él consideraba, personalmente, que su potencial sucesor debía ser el heredero de Alfonso XIII, solo podría defender tal pretensión siempre y cuando la monarquía a instaurar aceptara y siguiera las directrices del Movimiento.

La respuesta de Don Juan no se hizo esperar, aunque no fue directa sino por medio de un escrito firmado por 27 procuradores de las recién constituidas Cortes Españolas en el que abiertamente pedían al Generalísimo que cuanto antes completara "la definición y el ordenamiento de las instituciones fundamentales del Estado" mediante la restauración de la Monarquía... Franco tomó nota de quienes eran los firmantes, pero no adoptó contra ellos medidas especiales, entre otras razones porque fuera de los ambientes monárquicos el citado escrito no fue bien acogido por nadie. Buena prueba de este rechazo es que mi memoria personal guarda el recuerdo de la corrida en pelo que hubo de soportar uno de sus firmantes, nuestro buen catedrático de Derecho Internacional, don José de Yanguas Messía, ex-ministro del general Primo de Rivera, desde su aula hasta el despacho del Decano en la Facultad madrileña, el primer día que tras hacerse público el mentado documento se presentó a darnos clase...

Al mes siguiente, julio de 1943, se produjo uno de los acontecimientos que más impacto tuvieron en los círculos políticos españoles: la Monarquía italiana creyó que podía eximirse de sus responsabilidades históricas respecto de la aceptación del fascismo y de la entrada de Italia en la II Gran Guerra si, ayudada por varios generales y jerarcas fascistas, derrocaba a Mussolini y lo sustituía por alguien dispuesto a pactar con los Aliados. Es evidente que por diversas y contradictorias razones algo parecido a lo que pasó y estaba pasando en Italia podía suceder en España si también aquí hubiera un Rey en la Jefatura del Estado. Por eso antimonárquicos y monárquicos fortalecieron y confrontaron de mil modos distintos, a veces incluso violentos, sus respectivas posiciones. Buen ejemplo de ello nos lo da el telegrama-ultimatum que el impaciente don Juan le envió a Franco el siguiente 2 de agosto. El Caudillo, más firme y sereno, le respondió varios días después exigiéndole que no pusiera en peligro con actitudes precipitadas la necesaria unidad del pueblo español y sus personales pretensiones al Trono de España.

El antifranquismo juanista volvió una vez más a dar la callada por respuesta, y a conspirar dentro de los ambientes capaces de favorecer e incluso forzar el cambio propugnado por don Juan. Visto que el ámbito popular no le era favorable, acudió al militar para terminar de modo positivo la serie de gestiones que había iniciado años antes, cuando el curso de la II Guerra Mundial cambió de rumbo en favor de las potencias aliadas. El argumento usado para inclinar el ánimo militar hacia las posiciones juanistas fue el de que Franco había sido nombrado Jefe del Estado por el Ejército para resolver un momento peligroso en la historia de España, por lo que correspondía al Ejército el promover su cese si su permanencia en tal cargo dificultaba o ponía en peligro el pacífico desarrollo de la convivencia nacional e internacional de España. Con esta tesis consiguieron los juanistas que siete de los doce tenientes generales en activo firmaran una carta que entregaron personalmente al ministro del Ejército, general Asensio, para que este se la llevara a Franco. Así no se apartaban de la línea jerárquica y disciplinaria aunque forzasen la dimisión del Generalísimo.

Tanta es la importancia de este documento y esta actitud que bien merece le dediquemos una atención especial. Lo haremos, Dios mediante, en nuevas apuntaciones.
(Escritor invitado en Vistazoalaprensa.com)

2 comentarios:

Abate Marchena dijo...

Querido Javier. En el año 1956 llego a Barcelona desde Andalucía. Había tenido que salir de mi pueblo por la miseria que me rodeaba. Tenía 15 años y entré a trabajar en unas oficinas de "pinche" de la plaza Urquinaona de Barcelona. Pués bién, una de las cosas que nunca se me han olvidado, es la imagen del féretro del entierro del Teniente General Juan Bautista Sánchez González, Capitan general de la IV Región militar de Catalunya en la plaza de la Universidad. Eso fué el 30 de Enero del año siguiente 1957.

Estuvo en el entierro el Capitán General Muñoz Grande que era ministro de defensa. Ya en aquellos tiempos yo estaba interesado por la cosa política.
Se hablaba que había sido asesinado precisamente por el propio Muñoz Grande. Sanchez Bautista era del consejo privado de D. Juan y estaba tramando un complot militar contra el general franco.
Todavía sigue siendo un tema oscuro y sin resolver que se perderá en la Historia reciente de este puto país sin dignidad.

Gracias por traerme recuerdos de juventud.

Abate Marchena dijo...

Son las 23.42 min. intento entrar en el Chat y no hay manera de hacerlo.
No tengo ni puta idea de como entraba antes.
No recuerdo ni el nombre que usaba ni el password.

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