Configuraciones Espaciales en la Era Global

Las conexiones e intersecciones entre la ciudad contemporánea y la tecnología son múltiples. Algunas de las características de las nuevas tecnologías se incorporan directamente a los nuevos modelos de ciudad: la movilidad, la inmediatez, el cambio constante y, quizás también, la superficialidad y el consumo.

Lo tecnológico y la ciudad están en un proceso mutuo de construcción constante, en el cual nosotros también somos construidos y participamos como actores. El modo de desarrollo informacional introduce una serie de contradicciones estructurales con respecto al modelo industrial de desarrollo, generador de la ciudad industrial. Aquél no es una estructura rígida sino un constante proceso de cambio basado en la interacción entre tecnología y organización.

Por ello las formas espaciales de la Ciudad Informacional no vienen determinadas por los requisitos tecnológicos, lo que da lugar a entornos urbanos tremendamente flexibles en el espacio y cambiantes en el tiempo. Por otro lado, el modo de desarrollo informacional comporta una reestructuración de la fuerza de trabajo que está dando lugar a la vez a fenómenos de crecimiento y de declive sectorial.

Todo ello genera una fuerza de trabajo altamente polarizada, lo que conlleva diferentes estilos de vida y diferentes espacios urbanos. Pero de ello no resultan dos mundos sino un mundo plagado de fragmentos claramente definidos y con escasa comunicación entre ellos. El resultado es una estructura espacial que combina segregación, diversidad y jerarquía.

Las Tecnópolis aparecen, en la actualidad, como nuevos espacios industriales –tanto por su emplazamiento como por el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación– en todos los niveles que son globalmente interdependientes –tanto por los productos resultado de su producción como por el mercado que comparten. Estas Tecnópolis han reestructurado y están reestructurando –física y arquitectónicamente- (Chien-Yuan, 1996) las dimensiones urbanas, regionales y ciudadanas de las diferentes partes de nuestras realidades urbanas, en el contexto de la sociedad de la información y del conocimiento.

Es así como algunas ciudades se están convirtiendo en las principales agentes, decisivas para desarrollar la economía global que actualmente sufrimos, compitiendo entre ellas en una carrera de innovación tecnológica e iniciativas empresariales. Dicho de otra manera, los espacios actúan no sólo como el trasfondo en el que ponemos en marcha nuestras relaciones sociales, sino también como el sitio en el que quedan y se van acumulando las historias particulares de cada uno y a la vez de la historia social de una población.

Gracias a este conjunto de conexiones e intersecciones sabemos, ahora si, que la ciudad contemporánea está imbricada (más que en cualquier otro momento) con la tecnología. La tecnología invade y mediatiza los aspectos arquitectónicos, económicos, comunicativos y políticos de las ciudades.

Los “no lugares” vienen a modificar dicha estabilidad, potencian la realización de muchas actividades simultáneas (mezcla de producción, de ocio o de consumo), multitud de ocupaciones que se pueden hacer al mismo tiempo que nos movemos, paseamos o viajamos, gracias a la posibilidad que nos ofrecen las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación.

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