Para que luego digan que no se inventa en España.
Hasta hace poco el Estado tenía el territorio como ingrediente fundamental. Un Estado moderno sin territorio en el que imponer la ley era un oxímoron. Ahora, nosotros hemos creado un Estado que carece de territorio. No es extraño que hayamos dado con una fórmula tan original porque, en nuestro sistema educativo, contamos con cursos donde impera la competitividad, la excelencia, la sostenibilidad y la imbecilidad. Y en ellos se aprenden las materias más atrevidas y sugerentes.
Es verdad que un Estado sin territorio ha existido en el pasado. En la Edad Media, allá cuando las masas andaban prevenidas de reformas educativas, no existía Estado e imperaba el régimen señorial, un sistema montado sobre la relación de dependencia económica y jurídica que vinculaba a los pobladores de grandes dominios con los dueños de estos, es decir con los señores (por eso se llamaban “señoríos”). Los tales señores, con sus barbas pobladas y con sus túnicas y calzas de color rojo, estaban investidos de potestades e inmunidades, lo que les permitía hacer lo que les venía en gana con sus gentes y gentas.
Para mayor sutileza, el “feudo” permitía la concesión por el Rey a nobles de una tierra, de un derecho o de una función pública, liberalidad y delicadeza que llevaba ínsita -¡no faltaba más!- la prestación de servicios personales, militares o cortesanos, por parte de los agraciados que, cuando no les quedaba otro remedio, correspondían con gratitud, conscientes de que en ello les iba la vida y la hacienda.
Con estos ladrillos, puestos uno encima del otro al buen tuntún, se construyeron los regímenes señorial y el feudal.
Después vino la expansión de los poderes del Rey y, con ellos, la creación de los territorios “realengos” y luego Locke, Montesquieu, Rousseau, pusieron el mundo patas arriba. Se fueron animando e hicieron las revoluciones, la inglesa, la francesa, la norteamericana principalmente. Corrió sangre por todas las esquinas, cincelaron las estatuas del dolor, se removieron las tierras y se arremolinaron los vientos, hasta que, a golpe de sustos, descubrieron, allá en un rincón, el Estado: con su territorio, su población, sus derechos ciudadanos y demás.
Con estos ladrillos, puestos uno encima del otro al buen tuntún, se construyeron los regímenes señorial y el feudal.
Después vino la expansión de los poderes del Rey y, con ellos, la creación de los territorios “realengos” y luego Locke, Montesquieu, Rousseau, pusieron el mundo patas arriba. Se fueron animando e hicieron las revoluciones, la inglesa, la francesa, la norteamericana principalmente. Corrió sangre por todas las esquinas, cincelaron las estatuas del dolor, se removieron las tierras y se arremolinaron los vientos, hasta que, a golpe de sustos, descubrieron, allá en un rincón, el Estado: con su territorio, su población, sus derechos ciudadanos y demás.
Y así todos tan contentos. Cuando a los españoles, que no podían inventar un chip u otro ingenio electrónico de mucho impacto, descubrieron el Estado sin territorio, es decir, aquel Estado que no puede mandar sobre un espacio físico concreto porque se lo impiden los señores que lo dominan y lo controlan. Con la singularidad de que, ahora, son varios los señores que disputan entre ellos, sin que el Estado sea capaz de mediar, y sin que ya existan ni siquiera territorios “de realengo”.
Así de fecundos son en este pueblo campechano y de gestos gallardos, dispuestos a exportar su invento en cuanto se lo supliquen desde las Naciones Unidas.
España, el primer Estado moderno sin territorio. Y que produce esta situación. Veamos un ejemplo, verídico.
Tenemos que empezar diciendo que es un misterio lo del “votante” español, una entelequia muy extraña. Y es que, los partidos políticos dominantes andan con mil y una cautelas para no quedarse sin la papeleta de una ciudadanía que talmente parece la vanguardia de la revolución planetaria y la quintaesencia de la progresía del mundo. No digo que fuera mala cosa que tuviéramos un pueblo así, sólo afirmo que no me lo creo y que ha de haber otras explicaciones para esas estrategias electorales. Salvo, salvo, que concurra en ellos la imbecilidad completa.
España, el primer Estado moderno sin territorio. Y que produce esta situación. Veamos un ejemplo, verídico.
Tenemos que empezar diciendo que es un misterio lo del “votante” español, una entelequia muy extraña. Y es que, los partidos políticos dominantes andan con mil y una cautelas para no quedarse sin la papeleta de una ciudadanía que talmente parece la vanguardia de la revolución planetaria y la quintaesencia de la progresía del mundo. No digo que fuera mala cosa que tuviéramos un pueblo así, sólo afirmo que no me lo creo y que ha de haber otras explicaciones para esas estrategias electorales. Salvo, salvo, que concurra en ellos la imbecilidad completa.
Véase de nuevo el caso del cementerio nuclear al que llaman ATC. Los hechos están en todos los medios estos días. Teneis un gobierno que mantiene que tal depósito de residuos nucleares es necesario y que se va a construir en alguna parte. Dicho gobierno, recuerdo, está en manos del Partido Socialista y la medida la defiende con empeño su Ministro de Industria, un tal Sebastián. Pues bien, los Señoríos gobernadas por el Partido Socialista, como el de Cataluña y el de Castilla-La Mancha, dicen que de eso nada y que en su territorio bajo ningún concepto se instalará el depósito o almacén en cuestión. Por otra parte, el Partido Popular, que acostumbra a no decir nada preciso y comprensible sobre ningún tema socialmente comprometedor, sale de su mudez para contradecirse con el mismo empeño. Que se sepa, los populares son más bien partidarios de la energía nuclear, pero no admiten que el cementerio de residuos se instale en ninguno de los señoríos que gobiernan o son oposición. O sea, están a favor de las centrales nucleares, pero no de sus deshechos. Lógico, conociendo a tan ilustres e ilustrados personajes. El gobierno afirma que el depósito tiene que hacerse, pero los de su partido se oponen a él en todas partes, sea desde los gobiernos autonómicos o desde su oposición. Rajoy dice que el ejecutivo central debe ejercer su autoridad e imponerse, pero en todas las comunidades hace piña con los socialistas para que allí no vaya el cementerio. ¿Entonces, de qué va todo esto?.
¿Por qué incurren en tan flagrantes incongruencias? Pues, según opinión general, porque piensan que la pose ecologista da muchos votos, razón por la cual se fingen todo el tiempo enamoradísimos del cuidado medioambiental y preocupados hasta del paisaje. Son, por cierto, los mismos partidos que han destruido con saña el paisaje y el medio ambiente de la mayor parte de las costas españolas. Entonces no les daba tanto reparo, mira tú por dónde. En lo de la energía atómica seguro que tampoco lo tienen, pero es como si pensaran que la gente del país se ha vuelto ecologista y puede castigarlos en las urnas. ¿Ecologistas aquí? ¡Anda ya!, ¡pero si se mean en la calle!.
En sus dichos y en sus obras, conciencia y preocupación ecológica deben de tenerla un dos o tres por ciento de los españoles. Sí hay unos cuantos grupos ecologistas muy combativos y bien organizados, pero -quizá por desgracia- cuatro gatos.¿. Que su mensaje cala mucho en el electorado? Me permito dudarlo.
Entonces ¿por qué tanta prevención electoralista de PP y PSOE? Si nos podemos a buscar razones, se me ocurren las que siguen. Por un lado, se trata de una consecuencia de nuestra organización territorial en reinos de taifas. Lo que los dirigentes autonómicos de los partidos pretenden no es tanto legitimarse al rechazar esos depósitos nucleares por razones de riesgo o de cuidado del medio ambiente, sino endilgárselos a los demás, pues eso sí que lo valoran las masas electorales: “los de la Comunidad X nos hemos puesto firmes y el cementerio nuclear se lo han tenido que tragar los de la Comunidad de al lado: que se jodan”. Oigan, pero no es un tema local, es una cuestión de Estado. “¿Estado? ¿Qué Estado?”, nos responderán. Y no les faltará razón.
Por otro lado, los partidos saben que tanto en el ámbito autonómico como en el estatal lo que dirime electoralmente es un porcentaje bajo de votos fluctuantes y por eso, para capturar el puñado de votos de la escasa gente que atiende los mensajes ecologistas, se ponen el disfraz ecológico los líderes, disfraz que les queda más o menos como a un cerdo un traje de Armani. ¿Y por qué en debates como éste se toma postura radical e incoherente nada más que por unos miles de votos? Pues porque los dos grandes partidos saben que la inmensa mayoría de sus electores son fieles y están seguros. El que es del PP “de toda la vida” y el que es del PSOE “de toda la vida” va a seguir votando a los suyos aunque rebuznen, como es habitual, haya cementerio nuclear o no o aunque se hunda el mundo entero. ¿Puede haber otra explicación de que Zapatero haya obtenido un segundo mandato como Presidente o de que Rajoy esté ahora mismo por delante en las encuestas? ¡Pero si no saben hacer la o con un canuto! Ya, contestarían las masas simpatizantes, son unos inútiles, pero son nuestros inútiles y además nos subvencionan la existencia. De cajón.
Garciamado
¿Por qué incurren en tan flagrantes incongruencias? Pues, según opinión general, porque piensan que la pose ecologista da muchos votos, razón por la cual se fingen todo el tiempo enamoradísimos del cuidado medioambiental y preocupados hasta del paisaje. Son, por cierto, los mismos partidos que han destruido con saña el paisaje y el medio ambiente de la mayor parte de las costas españolas. Entonces no les daba tanto reparo, mira tú por dónde. En lo de la energía atómica seguro que tampoco lo tienen, pero es como si pensaran que la gente del país se ha vuelto ecologista y puede castigarlos en las urnas. ¿Ecologistas aquí? ¡Anda ya!, ¡pero si se mean en la calle!.
En sus dichos y en sus obras, conciencia y preocupación ecológica deben de tenerla un dos o tres por ciento de los españoles. Sí hay unos cuantos grupos ecologistas muy combativos y bien organizados, pero -quizá por desgracia- cuatro gatos.¿. Que su mensaje cala mucho en el electorado? Me permito dudarlo.
Entonces ¿por qué tanta prevención electoralista de PP y PSOE? Si nos podemos a buscar razones, se me ocurren las que siguen. Por un lado, se trata de una consecuencia de nuestra organización territorial en reinos de taifas. Lo que los dirigentes autonómicos de los partidos pretenden no es tanto legitimarse al rechazar esos depósitos nucleares por razones de riesgo o de cuidado del medio ambiente, sino endilgárselos a los demás, pues eso sí que lo valoran las masas electorales: “los de la Comunidad X nos hemos puesto firmes y el cementerio nuclear se lo han tenido que tragar los de la Comunidad de al lado: que se jodan”. Oigan, pero no es un tema local, es una cuestión de Estado. “¿Estado? ¿Qué Estado?”, nos responderán. Y no les faltará razón.
Por otro lado, los partidos saben que tanto en el ámbito autonómico como en el estatal lo que dirime electoralmente es un porcentaje bajo de votos fluctuantes y por eso, para capturar el puñado de votos de la escasa gente que atiende los mensajes ecologistas, se ponen el disfraz ecológico los líderes, disfraz que les queda más o menos como a un cerdo un traje de Armani. ¿Y por qué en debates como éste se toma postura radical e incoherente nada más que por unos miles de votos? Pues porque los dos grandes partidos saben que la inmensa mayoría de sus electores son fieles y están seguros. El que es del PP “de toda la vida” y el que es del PSOE “de toda la vida” va a seguir votando a los suyos aunque rebuznen, como es habitual, haya cementerio nuclear o no o aunque se hunda el mundo entero. ¿Puede haber otra explicación de que Zapatero haya obtenido un segundo mandato como Presidente o de que Rajoy esté ahora mismo por delante en las encuestas? ¡Pero si no saben hacer la o con un canuto! Ya, contestarían las masas simpatizantes, son unos inútiles, pero son nuestros inútiles y además nos subvencionan la existencia. De cajón.
Garciamado

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